Muchos fotógrafos comienzan por el paisaje por su accesibilidad, su practicidad o simplemente por estar de viaje en una localización y querer obtener unos recuerdos o imágenes que enseñar a la familia y amigos. No es difícil lograr buenos resultados en forma de imágenes con un agradable aspecto turístico. Sin embargo obtener impactantes imágenes de paisaje, con los máximos niveles de calidad, es tarea que queda muy lejos de estas prácticas eventuales.
A la hora de empezar a fotografiar el paisaje puede ser una buena idea aprovechar el apogeo de las estaciones, visitar enclaves naturales y buscar plasmar la floración de la primavera, la sequedad del verano, los colores del otoño así como las nevadas y los hielos del invierno. Los fenómenos meteorológicos o naturales nos aportarán imágenes inusuales de las localizaciones en un estado diferente. Los bosques caducifolios y los cauces de agua pueden llamar nuestra atención en otoño, los prados en primavera, las montañas en invierno... En la costa podemos encontrar algas tapizantes que recubren las rocas en determinadas estaciones y debemos aprovechar las mareas, los temporales... Con el tiempo veremos que todo lugar tiene múltiples posibilidades, aunque conviene empezar con los momentos más evidentes que despierten nuestra inspiración.
Un fotógrafo paisajista suele utilizar el trípode con gran frecuencia, así como el cable disparador, diversos filtros, como el de densidad neutra, el polarizador, los degradados... y rótulas específicas según se trate de la técnica a emplear, como las panorámicas.
La vegetación
Las especies vegetales son abundantes y próximas, un motivo que podemos encontrar con relativa facilidad y fotografiar incluso con equipos muy básicos. Las plantas habitan también en las ciudades y no plantean, como la fauna, problemas de acercamiento. Tal vez sea por ello que hay muchos aficionados a esta materia. Sin embargo debemos enfrentarnos a ciertas dificultades –como no- para realizar un buen trabajo fotográfico. Por un lado está la identificación del sujeto. Esta fase puede ser sencilla en el caso de especies comunes o peculiares, o puede convertirse en un calvario en el que discernir entre varios candidatos parece una tarea imposible. Es importante identificar pronto al sujeto para poder plasmar en qué se diferencia de las especies similares, además de las curiosidades propias de su biología.
Otra dificultad estriba en que no siempre que lo deseemos vamos a poder fotografiar a las plantas en su estado óptimo. Debemos familiarizarnos con sus ciclos, para saber cuándo es la época de floración de una especie determinada, o de fructificación, y cómo factores ambientales, como la altitud y el clima, o geográficos, afectan a esas previsiones. No debemos caer en el estancamiento y esforzarnos en obtener imágenes creativas y diferentes mediante el uso de las focales y las diferentes técnicas (largas exposiciones, alta velocidad para insectos en flores o dispersión de semillas, sujetos bajo la lluvia...).
En cuanto al equipo, además de un trípode de baja altura o accesorio que permita ubicar con estabilidad la cámara a ras de suelo, se suele emplear objetivos macro, que permiten obtener notables ampliaciones, así como flashes, reflectores y difusores de luz, pinzas y diversos accesorios de sujeción, e incluso fondos artificiales de tela o impresos.
La fauna
Muchos fotógrafos acaban tarde o temprano sintiéndose atraídos por la fotografía de fauna. En determinados lugares es relativamente sencillo fotografiar alguna especie que se muestre confiada a la presencia humana. Pero por lo general la fauna se muestra huidiza y esquiva y nos requerirá muchas precauciones lograr acercarnos a una distancia razonablemente próxima como para fotografiarla. Aunque podemos desplazarnos en busca de animales de forma activa, por lo general tratamos de atraer a la mayoría de especies a un lugar en el que estamos camuflados y atentos a su aparición. En este caso recurrimos a escondites que oculten nuestra forma y que nos hagan pasar desapercibidos para conseguir realizar las tomas y captar un comportamiento natural.
A la hora de empezar a fotografiar el paisaje puede ser una buena idea aprovechar el apogeo de las estaciones, visitar enclaves naturales y buscar plasmar la floración de la primavera, la sequedad del verano, los colores del otoño así como las nevadas y los hielos del invierno. Los fenómenos meteorológicos o naturales nos aportarán imágenes inusuales de las localizaciones en un estado diferente. Los bosques caducifolios y los cauces de agua pueden llamar nuestra atención en otoño, los prados en primavera, las montañas en invierno... En la costa podemos encontrar algas tapizantes que recubren las rocas en determinadas estaciones y debemos aprovechar las mareas, los temporales... Con el tiempo veremos que todo lugar tiene múltiples posibilidades, aunque conviene empezar con los momentos más evidentes que despierten nuestra inspiración.
Un fotógrafo paisajista suele utilizar el trípode con gran frecuencia, así como el cable disparador, diversos filtros, como el de densidad neutra, el polarizador, los degradados... y rótulas específicas según se trate de la técnica a emplear, como las panorámicas.
La vegetación
Las especies vegetales son abundantes y próximas, un motivo que podemos encontrar con relativa facilidad y fotografiar incluso con equipos muy básicos. Las plantas habitan también en las ciudades y no plantean, como la fauna, problemas de acercamiento. Tal vez sea por ello que hay muchos aficionados a esta materia. Sin embargo debemos enfrentarnos a ciertas dificultades –como no- para realizar un buen trabajo fotográfico. Por un lado está la identificación del sujeto. Esta fase puede ser sencilla en el caso de especies comunes o peculiares, o puede convertirse en un calvario en el que discernir entre varios candidatos parece una tarea imposible. Es importante identificar pronto al sujeto para poder plasmar en qué se diferencia de las especies similares, además de las curiosidades propias de su biología.
Otra dificultad estriba en que no siempre que lo deseemos vamos a poder fotografiar a las plantas en su estado óptimo. Debemos familiarizarnos con sus ciclos, para saber cuándo es la época de floración de una especie determinada, o de fructificación, y cómo factores ambientales, como la altitud y el clima, o geográficos, afectan a esas previsiones. No debemos caer en el estancamiento y esforzarnos en obtener imágenes creativas y diferentes mediante el uso de las focales y las diferentes técnicas (largas exposiciones, alta velocidad para insectos en flores o dispersión de semillas, sujetos bajo la lluvia...).
En cuanto al equipo, además de un trípode de baja altura o accesorio que permita ubicar con estabilidad la cámara a ras de suelo, se suele emplear objetivos macro, que permiten obtener notables ampliaciones, así como flashes, reflectores y difusores de luz, pinzas y diversos accesorios de sujeción, e incluso fondos artificiales de tela o impresos.
La fauna
Muchos fotógrafos acaban tarde o temprano sintiéndose atraídos por la fotografía de fauna. En determinados lugares es relativamente sencillo fotografiar alguna especie que se muestre confiada a la presencia humana. Pero por lo general la fauna se muestra huidiza y esquiva y nos requerirá muchas precauciones lograr acercarnos a una distancia razonablemente próxima como para fotografiarla. Aunque podemos desplazarnos en busca de animales de forma activa, por lo general tratamos de atraer a la mayoría de especies a un lugar en el que estamos camuflados y atentos a su aparición. En este caso recurrimos a escondites que oculten nuestra forma y que nos hagan pasar desapercibidos para conseguir realizar las tomas y captar un comportamiento natural.







