Ni siquiera entonces estaremos cerca de los resultados óptimos, pues en esta fase apenas lograremos obtener imágenes nítidas, luminosas -al haber sido correctamente expuestas- y con buen color. Es decir, habremos conseguido dominar los aspectos técnicos, la base, el cimiento, aquello que no se ve de un magnífico templo, pero que, sin embargo, lo sustenta. Estos conocimientos bastante complejos, que incluyen el manejo de los filtros, de la luz natural y artificial, de las diferentes ópticas, de los parámetros de la cámara, del trípode y el cable disparador... suelen mantener ocupado al fotógrafo novel durante varios años, hasta el punto de no conseguir ver más allá.
Cuando la barrera es superada, con grandes esfuerzos, el fotógrafo suele creer que el terreno llano sustituye al fuerte ascenso por fin, y que la meta ya se saborea tras un dulce paseo. Nada más lejos de la realidad. Las imágenes siguen pareciendo vacías, desprovistas de atractivo, de fuerza visual. El llano no es sino una meseta y tras ella se alza, majestuosa, la inalcanzable cima.
El dominio de la técnica supone, en mis apreciaciones, un 20 % de los ingentes contenidos que se esconden en la Composición. ¿Qué es la Composición? Pues un fresco de Miguel Ángel, una escultura de Fidias, un óleo de Sorolla. ¿Qué separa las exquisitas y minimalistas escenas de Degás o Monet de cualquier cuadro correctamente pintado? La fotografía comparte con las artes clásicas este aspecto vasto, de importancia absolutamente aplastante: la Composición, materia de estudio para una vida.
La Composición presupone la educación visual, la percepción de valores y su correcta aplicación. Sin un dominio absoluto de la misma no puede haber maestría. Los resultados dejan de ser aleatorios para transformarse en constantes y predecibles. Un rincón se convierte en un magnífico escenario gracias al dominio de la escala y de las proporciones, los valores de la armonía nos provocan placer visual, verdadero deleite, mientras que los del contraste nos provocan, despiertan nuestro interés a causa de sus desequilibrios y exageraciones...
Vasta materia, la Composición separa lo simplemente banal de la obra de arte. Representa la cima, la consumación, la piedra angular que da sentido a toda trayectoria, a toda creación. Las crisis de los artistas sobrevienen del encuentro con estos horizontes inescrutables, plagados de misterios, la terra incognita que se abre abismal ante su limitada capacidad de conocimiento. Crisis que pueden desembocar en la fatalidad que acompaña con frecuencia a los creadores, esa sensación de drama latente, de delirio intermitente con cada genial descubrimiento o avance.
Y volvemos al principio, a la simplicidad, a una mágica conjunción de factores:
Composición, Momento y Luz.
Los motivos
El paisaje
La fotografía de paisaje es muy popular dado que puede realizarse con un equipo bastante limitado y a todos nos gusta plasmar esos rincones de gran belleza que hay en todo nuestro planeta. Sin embargo es una de las especialidades más difíciles de dominar a causa de la profusión de elementos a tener en cuenta.
Cuando la barrera es superada, con grandes esfuerzos, el fotógrafo suele creer que el terreno llano sustituye al fuerte ascenso por fin, y que la meta ya se saborea tras un dulce paseo. Nada más lejos de la realidad. Las imágenes siguen pareciendo vacías, desprovistas de atractivo, de fuerza visual. El llano no es sino una meseta y tras ella se alza, majestuosa, la inalcanzable cima.
El dominio de la técnica supone, en mis apreciaciones, un 20 % de los ingentes contenidos que se esconden en la Composición. ¿Qué es la Composición? Pues un fresco de Miguel Ángel, una escultura de Fidias, un óleo de Sorolla. ¿Qué separa las exquisitas y minimalistas escenas de Degás o Monet de cualquier cuadro correctamente pintado? La fotografía comparte con las artes clásicas este aspecto vasto, de importancia absolutamente aplastante: la Composición, materia de estudio para una vida.
La Composición presupone la educación visual, la percepción de valores y su correcta aplicación. Sin un dominio absoluto de la misma no puede haber maestría. Los resultados dejan de ser aleatorios para transformarse en constantes y predecibles. Un rincón se convierte en un magnífico escenario gracias al dominio de la escala y de las proporciones, los valores de la armonía nos provocan placer visual, verdadero deleite, mientras que los del contraste nos provocan, despiertan nuestro interés a causa de sus desequilibrios y exageraciones...
Vasta materia, la Composición separa lo simplemente banal de la obra de arte. Representa la cima, la consumación, la piedra angular que da sentido a toda trayectoria, a toda creación. Las crisis de los artistas sobrevienen del encuentro con estos horizontes inescrutables, plagados de misterios, la terra incognita que se abre abismal ante su limitada capacidad de conocimiento. Crisis que pueden desembocar en la fatalidad que acompaña con frecuencia a los creadores, esa sensación de drama latente, de delirio intermitente con cada genial descubrimiento o avance.
Y volvemos al principio, a la simplicidad, a una mágica conjunción de factores:
Composición, Momento y Luz.
Los motivos
El paisaje
La fotografía de paisaje es muy popular dado que puede realizarse con un equipo bastante limitado y a todos nos gusta plasmar esos rincones de gran belleza que hay en todo nuestro planeta. Sin embargo es una de las especialidades más difíciles de dominar a causa de la profusión de elementos a tener en cuenta.







