Costa Rica Objetivo Pura Vida

Vivimos en un momento en que el fotógrafo aficionado puede permitirse en muchos casos un equipo de mayor calidad que un profesional. Un fotógrafo amateur no tiene que preocuparse por la rentabilidad y amortización de sus compras, por lo que, como es lógico, compra el mejor equipo que puede permitirse. Un profesional que vive de la fotografía salvo que lo haga holgadamente -hay muy pocos casos- compra aquello que es óptimo desde el punto de vista calidad/precio. Por lo menos yo procedo así. Por tanto el equipo no es un distintivo de un fotógrafo profesional.

Por supuesto que un equipo destinado a realizar un trabajo debe tener la mayor calidad posible, especialmente en lo que a cámara y objetivos se refiere. Un profesional bien formado sabrá sacarle el máximo rendimiento a sus herramientas de trabajo, utilizándolas cuando es oportuno y ampliando sus posibilidades de uso mediante un razonable número de accesorios. La adquisición de cualquier pieza del equipo suele ser bastante meditada para que su utilidad sea máxima, una cuestión de volumen y peso, dada las limitaciones de material que podemos desplazar en una mochila.


La ética

Respeto. En mi opinión, el respeto por la naturaleza es algo que debe prevalecer sobre cualquier actividad que realicemos. Nuestra relación con ella debe ser sutil, intuitiva, amable. Por ello entiendo que muchos de los códigos éticos que circulan en nuestros ámbitos fotográficos y conservacionistas abordan posiciones evidentes y, desde luego, básicas. El respeto por la vida debe guiar nuestros pasos. Debemos ser sensitivos ante seres con los que compartimos el espacio vital y que tienen tanto derecho como nosotros a ocuparlo. Desde luego que la ética es algo muy personal y debemos estar absolutamente convencidos de cuanto hacemos, nadie es quién para decirnos lo que está bien o mal, especialmente en un mundo en el que el respeto por la naturaleza se ve continuamente vulnerado por intereses económicos. Sin embargo, las posiciones personales son fundamentales.
Creo que nuestros posicionamientos éticos deben ser maduros, comprensivos, aunque firmes en nuestros propios actos. Somos parte de la naturaleza, una especie más que interactúa a niveles de depredación, molestias, transformación del hábitat, etc, con las demás, sólo que nuestra percepción es mucho mayor que la de otros seres vivos, así como nuestro poder tecnológico. Por ello debemos ser responsables de nuestros actos y velar por el mundo que nos rodea. La seguridad de los seres vivos y la conservación de su entorno siempre es lo más importante. Nunca hay garantías ni existe la certeza absoluta, es nuestra sensitividad extremada la que hará prevalecer nuestra admiración y respeto por el mundo natural a nuestros loables impulsos fotográficos.
Consecuencia. En la fotografía de autor de cualquier temática existe una gran libertad a la hora de alterar y manipular una imagen con el fin de transmitir un mensaje o sentimiento. El arte debe ser libre. Sin embargo, en la fotografía de naturaleza se suele dar por supuesto que la imagen es un reflejo más o menos fiel de la realidad. Durante decenios se ha establecido un estereotipo a este respecto. La fotografía puede ser una base sobre la que expresar una ficción o bien un fin en sí misma, dependiendo de nuestras motivaciones, percepciones, intereses, bagaje cultural... En nuestros días existe un gran debate abierto sobre la veracidad de las imágenes y la pericia o maestría en su obtención. Una facción defiende que la fotografía no debe ser falseada y debe mostrar aquello que el autor supo captar. Otro grupo bastante numeroso entiende y defiende que la fotografía puede e incluso debe ser alterada para que el artista consiga una mayor expresividad.