Saber apreciar las cualidades de la luz resulta todavía más importante cuando es el fotógrafo quien tiene que aportarla mediante el uso de los flashes. El dominio de la luz artificial es el paso siguiente al conocimiento de los valores de la luz natural. En general, lo que comúnmente se entiende como buena luz, es luz dura de sol. Cuando un fotógrafo profundiza en los valores de la luz suave que proviene de cielos nublados o crepusculares, difícilmente encontrará las mismas posibilidades en una mañana despejada. La luz directa del sol es la que menos posibilidades fotográficas brinda al fotógrafo paisajista.
La conjunción de tres factores determinan, a mi juicio, una imagen memorable:
-El primero es la Composición, donde el fotógrafo ubica, según su gusto, los elementos en el encuadre.
-El segundo es el Momento, la sensación de haber captado un instante único e irrepetible, ya sea un fenómeno meteorológico, biológico o bien una actitud del sujeto, una mirada, un comportamiento sorprendente, un estado excepcional.
-El tercero es la Luz, que refuerza el mensaje o la sensación presente en el encuadre, dramática o delicada, que realza la textura o bien el color, etc.
Sin lugar a duda, la imagen final es el resultado del esfuerzo directo por parte del fotógrafo en su obtención. Reflejará su exigencia en la búsqueda de valores, sus conocimientos compositivos, su dominio de la técnica. Cualquier virtud o defecto será responsabilidad suya. Una de las claves para el éxito será el grado de desarrollo o evolución de su percepción, ese “arte de saber ver” que luego tratará de plasmar con la cámara, enfatizando su visión, su mensaje. La experiencia y la intuición son de una gran ayuda a la hora de prever situaciones especiales de luz, como cuando las nubes dispersas se tiñen de rojo al atardecer, por ejemplo, o se aproxima una tormenta. Ante estas ocasiones un fotógrafo debe decidir si improvisará una localización en un área de su interés o bien recurrirá a un lugar conocido donde sabe con seguridad que aprovechará la oportunidad. De la misma forma valorará aquellas horas en las que la luz se muestra más propicia para sus gustos, las horas crepusculares para las tomas abiertas, el mediodía para los detalles y macros, en los que puede controlar mejor la luz, así como los días nublados, que ofrecen un matiz suave y unos cielos cuyo detalle puede regular mediante el uso de filtros.
Cuando la luz no es la adecuada para tomar fotografías en los lugares o a los sujetos que ya conocemos es momento de localizar. Cuando nos desplazamos a lugares desconocidos el reparto del tiempo es fundamental, por lo que debemos localizar elementos y paisajes que nos permitan tomar buenas imágenes, cuando consideremos que reciben la luz óptima. En estos casos buena parte del tiempo se dedica a localizar, especialmente en las horas centrales del día, en las que también podremos realizar algunas imágenes de fortuna. Es fundamental recordar bien el acceso a los puntos de toma para regresar a ellos con rapidez en el momento idóneo y prever su escalonado en las horas en que los vamos a fotografiar con el fin de aprovechar al máximo el tiempo. Las referencias de orientación servirán para calcular el momento idóneo, de noche si está orientado a Norte y podemos ubicar la Estrella Polar en el encuadre, al atardecer si hay luna llena con orientación Este…
El fotógrafo de naturaleza precisa de ciertas dotes de observación, así que mejor si nos esforzamos en desarrollarlas y ejercitarlas. Los detalles pequeños pueden proporcionar una gran información. Para ayudarnos no debe faltarnos unos prismáticos pequeños, ligeros, luminosos y de al menos 10 aumentos, que debemos llevar siempre cerca. Los prismáticos nos resolverán muchas circunstancias de observación, especialmente si están preparados con rosca para trípode o pinza de ventanilla. Sin embargo en muchas ocasiones necesitaremos una óptica de mayor aumento, sobre todo en espacios abiertos y con especies esquivas. En estos casos un telescopio terrestre nos puede prestar un servicio de inestimable valor. Podemos llevarlo permanentemente en el coche.
La conjunción de tres factores determinan, a mi juicio, una imagen memorable:
-El primero es la Composición, donde el fotógrafo ubica, según su gusto, los elementos en el encuadre.
-El segundo es el Momento, la sensación de haber captado un instante único e irrepetible, ya sea un fenómeno meteorológico, biológico o bien una actitud del sujeto, una mirada, un comportamiento sorprendente, un estado excepcional.
-El tercero es la Luz, que refuerza el mensaje o la sensación presente en el encuadre, dramática o delicada, que realza la textura o bien el color, etc.
Sin lugar a duda, la imagen final es el resultado del esfuerzo directo por parte del fotógrafo en su obtención. Reflejará su exigencia en la búsqueda de valores, sus conocimientos compositivos, su dominio de la técnica. Cualquier virtud o defecto será responsabilidad suya. Una de las claves para el éxito será el grado de desarrollo o evolución de su percepción, ese “arte de saber ver” que luego tratará de plasmar con la cámara, enfatizando su visión, su mensaje. La experiencia y la intuición son de una gran ayuda a la hora de prever situaciones especiales de luz, como cuando las nubes dispersas se tiñen de rojo al atardecer, por ejemplo, o se aproxima una tormenta. Ante estas ocasiones un fotógrafo debe decidir si improvisará una localización en un área de su interés o bien recurrirá a un lugar conocido donde sabe con seguridad que aprovechará la oportunidad. De la misma forma valorará aquellas horas en las que la luz se muestra más propicia para sus gustos, las horas crepusculares para las tomas abiertas, el mediodía para los detalles y macros, en los que puede controlar mejor la luz, así como los días nublados, que ofrecen un matiz suave y unos cielos cuyo detalle puede regular mediante el uso de filtros.
Cuando la luz no es la adecuada para tomar fotografías en los lugares o a los sujetos que ya conocemos es momento de localizar. Cuando nos desplazamos a lugares desconocidos el reparto del tiempo es fundamental, por lo que debemos localizar elementos y paisajes que nos permitan tomar buenas imágenes, cuando consideremos que reciben la luz óptima. En estos casos buena parte del tiempo se dedica a localizar, especialmente en las horas centrales del día, en las que también podremos realizar algunas imágenes de fortuna. Es fundamental recordar bien el acceso a los puntos de toma para regresar a ellos con rapidez en el momento idóneo y prever su escalonado en las horas en que los vamos a fotografiar con el fin de aprovechar al máximo el tiempo. Las referencias de orientación servirán para calcular el momento idóneo, de noche si está orientado a Norte y podemos ubicar la Estrella Polar en el encuadre, al atardecer si hay luna llena con orientación Este…
El fotógrafo de naturaleza precisa de ciertas dotes de observación, así que mejor si nos esforzamos en desarrollarlas y ejercitarlas. Los detalles pequeños pueden proporcionar una gran información. Para ayudarnos no debe faltarnos unos prismáticos pequeños, ligeros, luminosos y de al menos 10 aumentos, que debemos llevar siempre cerca. Los prismáticos nos resolverán muchas circunstancias de observación, especialmente si están preparados con rosca para trípode o pinza de ventanilla. Sin embargo en muchas ocasiones necesitaremos una óptica de mayor aumento, sobre todo en espacios abiertos y con especies esquivas. En estos casos un telescopio terrestre nos puede prestar un servicio de inestimable valor. Podemos llevarlo permanentemente en el coche.







