Costa Rica Objetivo Pura Vida

LA FOTOGRAFÍA DE NATURALEZA. ENTRE LA BIOLOGÍA Y EL ARTE

José Benito Ruiz
Para quién no conoce en cierta profundidad la fotografía de Naturaleza ésta es una dedicación idílica: imagínese usted paseando por los campos, bajo el cálido sol del atardecer, rodeado de armoniosos cantos de pájaros y con esa sensación completa de felicidad que se les supone a los seres silvestres y bohemios. Sin embargo un fotógrafo profesional de Naturaleza nos recordará al instante la dura realidad, el hambre y el frío, las nubes de mosquitos, el duro suelo como cama, largas jornadas oculto en escondites diminutos, en los que estirar una pierna dolorida por un calambre es imposible. Y con frecuencia ese sabor amargo que deja el fracaso tras la larga espera.

Fotografiar la Naturaleza puede ser una actividad dura, en la que la persona se emplee a fondo, rozando en muchas ocasiones los límites de su resistencia física y emocional. Es la única forma de obtener de forma regular y continuada resultados de elevada calidad, un rendimiento que permita obtener el sustento económico necesario para vivir. En muchos países la actividad ni siquiera existe como profesión, o, a lo sumo, sólo unos pocos afortunados han conseguido posicionarse y obtener una estabilidad con este medio de vida. ¿Qué es entonces lo que hace que resulte tan atractiva y que se considere como una afición en alza que gana adeptos rápidamente?

Pues a pesar de todos los inconvenientes hay una evidente atracción anclada en nuestra carga genética más ancestral. Nos gusta explorar, descubrir, acechar, sorprendernos, sentirnos libres, actividades que hemos realizado desde antes incluso de considerarnos como especie humana. Además podemos sentirnos fascinados por una segunda parte menos física y más emocional: capturar el instante, expresarnos, plasmar la realidad de una forma subjetiva, reinventarla...

Todo ello se amalgama y resulta en una vocación fascinante, que requiere del estudio de varias disciplinas y de atesorar y fomentar algunas dotes tanto naturalistas como artísticas. Ciertamente el fotógrafo de naturaleza ha reemplazado al pionero, al expedicionario, y lo ha fundido, al estilo más humanista, con el observador, el científico, el coleccionista, y especialmente con el pintor, el escultor, el artista.

En busca de imágenes.

Si preguntamos a fotógrafos consagrados en cualquier disciplina o estilo de la fotografía acerca del valor más importante en una imagen, una considerable cantidad de ellos nos dirá que es la luz. Entender la luz, conocer sus cualidades, conseguir plasmar lo mejor de cada una de ellas, es un objetivo primordial para un buen fotógrafo. Además de la composición, del momento, de la sensación de lugar... la luz puede reforzar sensaciones e incluso justificar la toma. La luz es un factor decisivo incluso en el proceso de localizar los encuadres adecuados y resulta muy difícil conseguir imaginar, sin un poco de práctica, cómo será el paisaje que estamos observando bajo la luz del mediodía, cuando suceda el atardecer a contraluz, con las nubes del cielo iluminadas desde abajo, teñidas de rojo...