Costa Rica Objetivo Pura Vida

ESTO NO ES UNA GUÍA

Miguel Albero
Comisario
Consejero Cultural de la Embajada de España en Costa Rica
¿Acaso la naturaleza viaja al extranjero?
Robert Walser
La exposición que este catálogo contiene, Costa Rica Objetivo Pura Vida, cuyo subtítulo, Cuatro fotógrafos españoles de naturaleza miran Costa Rica, evita al menos la metáfora y se centra en el contenido, tiene su origen en otras exposiciones en las que he participado (Madrid Mirada, España en Roma, Roma 2000, una mirada española) y repite con ellas la misma fórmula: viaje de los fotógrafos a un lugar, estancia de diez días, exposición realizada con el trabajo resultante. En esta ocasión hay una especificidad costarricense y es que los fotógrafos lo son de un campo muy especial que en los últimos tiempos ha adquirido una enorme importancia; la fotografía de naturaleza. Y la especificidad la da en este caso el país, porque si existe en el mundo un lugar donde la naturaleza está presente en cada esquina ése es sin duda Costa Rica, que alberga en su pequeño territorio un gran porcentaje de la biodiversidad mundial.

Y con la fórmula vieja pero el mundo nuevo que para mí suponía esta variedad de fotografía, arrancamos el proyecto, cuyo objetivo, además del anunciado en el título, es el de dar a conocer el trabajo de nuestros fotógrafos de naturaleza y de paso difundir las riquezas medioambientales de este país. Para ayudarme en la parte técnica, he contado en todo su desarrollo con la inestimable ayuda de uno de los participantes, José Benito Ruiz, consejero aúlico que ha servido de guía en ese proceloso mundo que es el de la fotografía de naturaleza. Él es el único guía, no hay más, porque el catálogo que el lector tiene entre sus manos no pretende ser él una guía de Costa Rica de ésas que uno lleva en el viaje para disfrutar de lo que Sánchez Ferlosio llama “efecto Tour Eiffel” esto es, tener una vez más la sensación de que la realidad no se ajusta a la imagen que de ella tenemos. Porque en estos tiempos donde todo lo hemos visto antes, la realidad nunca se nos muestra tan hermosa como en la postal, ocurre eso, la realidad se ha convertido en la imagen y al revés, y así, las pirámides de Egipto están más viejas de los que pensábamos, el tucán no tiene el pico tan largo. El objetivo no era pues elaborar una guía, tampoco fotografíar el mayor número de especies ni el mayor número de parques naturales, los fotógrafos disponían de total libertad para reflejar aquello que quisieran, sin límites ni imposiciones.

Y si esto que leen no es guía tampoco es un libro de sobremesa, de ésos que uno deposita como decoración sobre el mueble que incluye el adjetivo. Es, digámoslo de una vez, el catálogo de una exposición, y es también o sobre todo el trabajo de cuatro fotógrafos españoles, José Benito Ruiz, Cristóbal Serrano, Isabel Díez y Eduardo Blanco. Los cuatro respondieron al reto, que suponía cambiar en muchos casos sus propias formas de trabajar, pues estamos aquí ante un colectivo, el de los fotógrafos de naturaleza, que no se caracteriza precisamente por su improvisación, sino por el trabajo metódico, por la búsqueda incesante de las condiciones perfectas, de la luz imposible, del paisaje esquivo, del más inaprensible animalito. Y por eso era un reto, porque se trataba de plasmar su modo de ver la naturaleza en unas condiciones muy concretas, esos diez días y no otros, con la luz de esos mismos días, a veces con las lluvias y los vientos de esos días. Y esto no es excusa, porque a mi entender el trabajo que a continuación pueden disfrutar no las requiere, más bien todo lo contrario, pero sí la explicación de cómo se hicieron las fotos, del reto al que los fotógrafos tenían que responder.