
Un segundo bloque de imágenes correspondió a la fotografía de aves. Realizadas tanto en comederos a las que estaban habituadas como en fortuitos encuentros, la variedad que íbamos consiguiendo superaba nuestras expectativas. Además la lluvia acompañó muchas de estas sesiones, mostrando una atmósfera muy valiosa.
Los mamíferos resultaron ser, todos, una sorpresa, un regalo. Algunos fueron resultado del esfuerzo, de la búsqueda, realizados tanto en libertad como en cautividad, en centros zoológicos. Otros salieron a nuestro paso, mostrando lo generoso que es el país en todos los aspectos.
La flora fue lo que más grato recuerdo me dejó. Colores y formas vistosas al alcance de la mano, llenas de insectos, de anfibios, de posibilidades. Flores grandes, luminosas y llamativas ante el fondo verde profundo.
El paisaje se hizo casi en horas bajas, a ratos perdidos, cuando la evidencia nos llamaba la atención. No es mala estrategia. Seguro de la excelencia en esta temática tanto de Isabel como de Eduardo, nuestra baza fue la compenetración, el trabajo en equipo. Con unos gustos estéticos poco menos que idénticos no resultó difícil que el trabajo con Cristóbal fuera dando los resultados apetecidos.
Nuestro recorrido fue bastante simple y básico, pretendiendo agotar las posibilidades de cada lugar que visitábamos. De la zona protegida de La Selva a las faldas del Arenal, y de ahí a la Catarata del Toro, donde los colibríes nos permitieron disfrutar mucho.
El viaje se efectuó en las vísperas de la Navidad de 2008, entre los días 9 y 22 de diciembre. Un total de ocho días útiles de trabajo y un balance de unas 1.200 imágenes ya seleccionadas, sin duda trepidante. Grandes recuerdos en la retina, grandes deseos de regresar.
Pocas semanas después llegaba el segundo equipo, sana envidia, para realizar su trabajo, basado complementariamente en el paisaje y los aspectos humanos. El balance de todo el proyecto, de nuestros esfuerzos y anhelos, se encuentra aquí plasmado.
Los mamíferos resultaron ser, todos, una sorpresa, un regalo. Algunos fueron resultado del esfuerzo, de la búsqueda, realizados tanto en libertad como en cautividad, en centros zoológicos. Otros salieron a nuestro paso, mostrando lo generoso que es el país en todos los aspectos.
La flora fue lo que más grato recuerdo me dejó. Colores y formas vistosas al alcance de la mano, llenas de insectos, de anfibios, de posibilidades. Flores grandes, luminosas y llamativas ante el fondo verde profundo.
El paisaje se hizo casi en horas bajas, a ratos perdidos, cuando la evidencia nos llamaba la atención. No es mala estrategia. Seguro de la excelencia en esta temática tanto de Isabel como de Eduardo, nuestra baza fue la compenetración, el trabajo en equipo. Con unos gustos estéticos poco menos que idénticos no resultó difícil que el trabajo con Cristóbal fuera dando los resultados apetecidos.
Nuestro recorrido fue bastante simple y básico, pretendiendo agotar las posibilidades de cada lugar que visitábamos. De la zona protegida de La Selva a las faldas del Arenal, y de ahí a la Catarata del Toro, donde los colibríes nos permitieron disfrutar mucho.
El viaje se efectuó en las vísperas de la Navidad de 2008, entre los días 9 y 22 de diciembre. Un total de ocho días útiles de trabajo y un balance de unas 1.200 imágenes ya seleccionadas, sin duda trepidante. Grandes recuerdos en la retina, grandes deseos de regresar.
Pocas semanas después llegaba el segundo equipo, sana envidia, para realizar su trabajo, basado complementariamente en el paisaje y los aspectos humanos. El balance de todo el proyecto, de nuestros esfuerzos y anhelos, se encuentra aquí plasmado.







