
PRESENTACIÓN
Fotografiar la naturaleza ha sido la motivación de mi vida. Ya desde niño se despertó mi curiosidad y admiración por el mundo natural y a la edad de ocho años tuve mi primera cámara, con la que hice muchas fotografías de plantas, paisajes y algunos animales. A los catorce años mi padre me regaló una cámara réflex, a la que poco a poco fui equipando. La naturaleza y la fotografía siempre han estado presentes en mi vida, de una forma intensa, además. Muy pronto mi afición se convirtió en medio de vida, por lo que he pasado largas temporadas inmerso en el medio natural, disfrutando de sus paisajes, de sus seres y de unas vivencias irrepetibles.
En la actualidad llevo cerca de 30 años fotografiando y más de 20 como profesional. Durante todo este tiempo me dediqué a vivir de la fotografía, sin mirar más allá. Fotografiaba de todo y a todas horas, muchas veces por encargo o para varias agencias. Un buen día desperté. Ahora sólo fotografío lo que me gusta: Construyo mi propio mundo en imágenes, para mi y para la posteridad. Seguramente vamos a ser capaces de exterminar la mayor parte de la belleza que conocemos hoy en nuestro planeta, pero mi mundo seguirá ahí, en esa perfección que le otorga la fotografía: seres nobles, joyas vegetales, paisajes primitivos, ancestrales, inalterados. Tal vez las imágenes de mi mundo traigan algo de cordura a esta realidad, casi seguro que no será así. Pero me esfuerzo en que cada imagen sea un grito. Alto, sonoro, dramático, urgente. Un grito que busca las conciencias de los hombres y mujeres que aún conservan los valores naturales, que aprecian la Tierra que ha mantenido a tantas generaciones. Porque la Naturaleza se extingue en muchos lugares y las amenazas son muy patentes, globales o individuales.
Ahora sólo fotografío la belleza, ya sea en un retrato, en el puro drama, en la soledad, en el nacimiento, en la muerte... la belleza que está en todas partes, la belleza de la Naturaleza, de los seres magníficos, colosales, diminutos, anónimos, inadvertidos, me da lo mismo.
No quiero oír hablar de la falsedad, del odio, de la traición, de la crueldad, de nada de lo que hemos podido inventar y que se practica a diario en nuestro mundo. El ser humano es capaz de defraudarnos con demasiada frecuencia. Sin embargo hay otra realidad, la que destruimos, el mundo amenazado de la inocencia, la lealtad, la dignidad, la pureza, que representa la Naturaleza. Tal vez alguien sea capaz de escuchar el grito que encierran estas imágenes algún día.
En la actualidad llevo cerca de 30 años fotografiando y más de 20 como profesional. Durante todo este tiempo me dediqué a vivir de la fotografía, sin mirar más allá. Fotografiaba de todo y a todas horas, muchas veces por encargo o para varias agencias. Un buen día desperté. Ahora sólo fotografío lo que me gusta: Construyo mi propio mundo en imágenes, para mi y para la posteridad. Seguramente vamos a ser capaces de exterminar la mayor parte de la belleza que conocemos hoy en nuestro planeta, pero mi mundo seguirá ahí, en esa perfección que le otorga la fotografía: seres nobles, joyas vegetales, paisajes primitivos, ancestrales, inalterados. Tal vez las imágenes de mi mundo traigan algo de cordura a esta realidad, casi seguro que no será así. Pero me esfuerzo en que cada imagen sea un grito. Alto, sonoro, dramático, urgente. Un grito que busca las conciencias de los hombres y mujeres que aún conservan los valores naturales, que aprecian la Tierra que ha mantenido a tantas generaciones. Porque la Naturaleza se extingue en muchos lugares y las amenazas son muy patentes, globales o individuales.
Ahora sólo fotografío la belleza, ya sea en un retrato, en el puro drama, en la soledad, en el nacimiento, en la muerte... la belleza que está en todas partes, la belleza de la Naturaleza, de los seres magníficos, colosales, diminutos, anónimos, inadvertidos, me da lo mismo.
No quiero oír hablar de la falsedad, del odio, de la traición, de la crueldad, de nada de lo que hemos podido inventar y que se practica a diario en nuestro mundo. El ser humano es capaz de defraudarnos con demasiada frecuencia. Sin embargo hay otra realidad, la que destruimos, el mundo amenazado de la inocencia, la lealtad, la dignidad, la pureza, que representa la Naturaleza. Tal vez alguien sea capaz de escuchar el grito que encierran estas imágenes algún día.







